28/12/13

DON TOMAS Y LOS RATONES

     
JOSE WATANABE

DON TOMAS Y LOS RATONES

 


 



Esta historia comienza cuando don Tomás encuentra  dos ratones entre las mazorcas del maíz que había puesto a secar bajo el sol.

Se alarmó como nunca: ¡los ratones estaban comiéndose los maíces que había cosechado!

¿Qué hacer para que se vayan y no regresen más?

En sus muchos intentos por espantar a los ratones, don Tomás hizo más grande, mucho más grande, el problema.

 

 Sentado en su silla de palo don Tomás contemplaba las mazorcas del maíz tendidas en su patio. Estaban secándose al sol.


Pensaba que era la mejor cosecha de su vida, cuando, de pronto, vio algo que lo espantó: dos ratones, uno blanco y otro gris, estaban devorando una mazorca.

 
Don Tomás pensó rápidamente: “Los ratones nunca andan solos, vendrá un tercer ratón, y un cuarto y un quinto y mañana habrá miles comiendo mi maíz”. Y mientras pensaba, los ratones se comieron media mazorca. Don Tomás tomó una escoba y corrió hacia ellos. Daba escobazos pero sólo golpeaba las mazorcas. Los ratones se movían muy rápido, corrían y se detenían más allá de donde caía la escoba.

 

 Cansado de perseguirlos, don Tomás se preguntó: “¿Qué hacer para desaparecerlos?, ¿comprar una trampa, una escopeta, un veneno, consultar con mi vecino o llamar a los que tienen máquinas para cazar ratones?” De pronto una idea le iluminó la cara: “¡Un gato! ¡Cómo no lo pensé antes: compraré un gato joven y de dientes muy afilados!”, dijo don Tomás.

 
Don Tomás compró un gato que empezó a pasearse  entre las mazorcas. Parecía un pequeño tigre. Los dos ratones desaparecieron, el blanco y el gris.

El gato es un animal muy vanidoso y piensa que los ratones huyen con solo verlo caminar.

Don Tomás ahora estaba en paz. Había visto huellas diminutas de dos ratones que huían velozmente. “Mi cosecha se ha salvado gracias al gato”, dijo. Por eso le compró en el mercado un pescadito de color rojo.

 

 

Don Tomás puso el pescado en un platillo y el gato comenzó a comer. Pronto apareció otro gato y otro y otro. Todos los gatos de los alrededores vinieron a comer el pescadito rojo.

Cuando terminaron de comer se pusieron a jugar. No se cansaban. Jugaban a quién destrozaba más mazorcas.

 

 Los escobazos de don Tomás no lograban espantarlos. Los gatos eran más ágiles que la escoba que caía. “¿Cómo hacer para echarlos?” Se preguntaba don Tomás. “¿Habrá policía especializada en gatos? ¡Qué pregunta tan tonta!”, exclamó. “La solución es más fácil: compraré un perro. Los gatos huyen de los perros”.

 

 

Y don Tomás compró un perro, un perro grande y de rostro feroz. Apenas lo vieron, los gatos  fugaron desesperados.

 

Pero no pasó mucho tiempo, apenas unos minutos, cuando don Tomás escuchó el ladrido de otro perro que se acercaba, luego de dos, de tres, de cuatro. Un instante después todos los perros de la vecindad  saltaron la cerca.

El perro comprado por don Tomás los recibió como si fueran sus más queridos parientes. Y al igual que los gatos, los perros encontraron que era divertido jugar entre los maíces. Correteaban, saltaban, se daban volteretas como si estuvieran en el mejor parque del mundo.

¡Estaban destruyendo la cosecha!


Don Tomás no sabía qué hacer para echarlos. Si los amenazaba con la escoba, los perros le enseñaban mil dientes. Entonces se sentó nuevamente en su silla de palo a pensar: “¿Y si cabo un pozo para que caigan dentro?”. Más desesperado aún, se preguntó: “¿Y si compro un cañón?”. Un pensamiento brilló como una chispa en su mente: “¡Buscar un fantasma!”.

Todo el mundo sabe que los perros le temen a los fantasmas. Cuando ven uno en la oscuridad aúllan y luego se refugian temblando de miedo entre las piernas de sus dueños. “Sí, un fantasma espantará a los perros”.

 

“¿Pero dónde conseguir un fantasma?”, se preguntó don Tomás.

Recordó que había una cueva en un cerro cercano. Allí los fantasmas se reunían de noche. Don Tomás iría a pedirle uno, al más viejo y gruñón, que lo ayude a espantar a los perros.

Llegó la noche, pero don Tomás no se atrevía a ir a la cueva.

Tenía muchas dudas: “¿Y si los fantasmas no son amigables?”, se preguntaba. Y como siempre, después de sus preguntas, tuvo una idea salvadora: “¡Una sábana blanca! ¡Sí, una sábana blanca puede ser un perfecto fantasma!”.

 

 
La luna redonda alumbraba la noche. Los perros se habían quedado dormidos. Don Tomás, en silencio, cubrió con una sábana blanca la escoba y la plantó en medio de las mazorcas.

¡Era un verdadero fantasma bajo la luna!: Los dos pequeños agujeros que le había hecho a la sábana eran dos aterradores ojos negros.

 

 

Un perro despertó y descubrió al fantasma. Sólo pudo ladrar una vez antes de quedar mudo y quieto como una estatua. Su ladrido despertó a sus compañeros. En ese momento el viento sopló más fuerte y el fantasma levantó los brazos. Los perros huyeron atropellándose entre ellos. Saltaron la cerca y desaparecieron en la oscuridad. Don Tomás, contento, los vio fugar. ¡Otra vez su cosecha se había salvado!


 

Aun era de noche. De vuelta a su dormitorio sorprendió a un fantasmita que caminaba hacia el fantasma de sábana.

“Pobrecito”, pensó don Tomás, “debe andar perdido”.

-ya te encontrarán, pequeño- lo alentó  de lejos -, Y se fue a dormir orgulloso de no haberse asustado con un fantasma  de verdad.

 

 

 

Cuando amaneció dos camionetas  se detuvieron en la puerta de don Tomás. Bajaron varios hombres y mujeres con cámaras fotográficas, cámaras de videos,  grabadoras de voces y mil aparatos extraños. Tocaron la puerta y don Tomás les abrió.

-Somos científicos-dijeron-cazamos fantasmas para estudiarlos. Anoche perseguíamos un fantasma bebé, pero se nos perdió por aquí.

-¿Cuántos fantasmas han cazado?-preguntó don Tomás.

-Todavía ninguno- contestaron ellos apenados.

-Tal vez no existen- dijo don Tomás.

-Sería terrible-respondieron ellos –perderíamos nuestro trabajo.

De pronto los científicos divisaron al fantasma de sábana. Corrieron hacia él. ¡Cómo corrieron! No tenían cuidado. Iban destrozando las mazorcas. Rodearon al fantasma, lo filmaron con sus cámaras y le tomaron fotografías para tener pruebas en caso de que desapareciera en el aire.

 


 
Don Tomás les dio alcance y les explicó que no era un verdadero fantasma. Para convencerlos retiró la larga sábana y solo quedó la escoba. Los científicos se pusieron muy tristes y comenzaron a irse decepcionados.

-Yo también vi al pequeño fantasma- confeso don Tomás para animarlos.

-¿También lo vio?- preguntaron ansiosos los científicos.

-Pasó por aquí en la madrugada. Ahora debe estar lejos. Pero era muy pequeño. Tal vez no valga la pena buscarlo.

-Todo fantasma vale la pena- dijeron los científicos y se fueron apurados en sus camionetas.

 

 

Don Tomás regresó a su patio y empezó a acomodar las mazorcas desordenadas. De repente, un leve ruido a sus espaldas  lo hizo voltear: el fantasmita estaba allí, parado sobre una mazorca.

-¿Dónde has estado escondido?

-preguntó don Tomás.

El fantasmita no respondió. Parecía asustado. A don Tomás le entró  una sospecha. Tomó el vestido del fantasmita y tiró. Era un pañuelo. Quedaron al descubierto dos ratones, uno blanco y otro gris, uno subido en los hombros del otro.

 


-¡Son ustedes!-exclamó don Tomás –. Desde el día que los vi empezaron todas mis desgracias. Mejor los hubiera dejado de comer un poco más de maíz. Los ratones asintieron entusiasmados con la cabeza.

-Está bien. Coman, pero por favor, no llamen a más ratones.

Y mientras los ratones empezaban a comer don Tomás miraba feliz cómo el sol brillaba en el maíz amarillo.

 

 


 



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

30/12/12

51 AÑOS DE CREACION DE LAREDO


51 AÑOS DEL DISTRITO DE LAREDO

Si hay un lugar cerca de Trujillo que brinde  sol eterno, coloridos paisajes, ecoturismo en crecimiento, fina gastronomía, distracción y esparcimiento e historia viviente  ese es Laredo, que este 28 de diciembre estuvo  celebrando 51 años de creación  como distrito.

Laredo, se localiza a 9 km al este de Trujillo, enclavado en el valle de Santa Catalina y  lugar obligado para transitar a la sierra liberteña. Con manifestaciones históricas del hombre del periodo lítico en Quirihuac (10,000 aC.) , de vestigios de las culturas Cupisnique (Huaca de Los Reyes) Moche y Chimú,  de las haciendas azucareras coloniales y republicanas, de las luchas sociales reivindicatorias de su pueblo , con  una agricultura  y agro- industria de exportación floreciente; Laredo se yergue con  grandes posibilidades   de desarrollo social y económico. Asimismo, la literatura peruana se enriquece enormemente después de Vallejo,  con el gran poeta laredino  José Watanabe Varas, autor de “El Guardián del Hielo”

Antiguamente,  el "Camino Real de Guamachuco", que partía de Trujillo y conducía a esa ciudad andina, cruzaba  las haciendas La Merced, San Nicolás del Paso y Galindo. Sólo habían ranchos apostados a lo largo del camino que  actualmente conforman las calles La Merced y San Ignacio de la Ciudad de Laredo. La actividad industrial fue  incrementando poco a poco,  la ranchería y la población.

En 1878 se formaron, los caseríos de Laredo y la Merced, que dieron origen al pueblo de Laredo, se le llamó así porque las viviendas que se construyeron  en los lotes de terrenos otorgados por el hacendado don Manuel Antonio Chopitea Villalobos, estaban ubicados exactamente en los límites de los fundos Laredo y La Merced.

Don Manuel Chopitea en el año 1880 inició un programa de construcción de viviendas para empleados y obreros de su hacienda quienes conformaron los primeros barrios. Más tarde, su hijo José Ignacio Chopitea, consolidó las bases de este asentamiento construyendo la iglesia, el jardín de niños, la escuela y el hospital.

En el año 1925 el diputado Enrique Marquina Cáceda presentó un proyecto de ley para la creación del distrito  el cual fue lastimosamente, archivado. Luego, el diputado Luis Fernando Ganoza Chopitea también hizo lo mismo, fracasando del mismo modo. En 1942 se formó un Comité de Defensa de Laredo y en 1945 una Junta Pro Desarrollo, sin suerte alguna. Y es al fin, en mayo de 1956 en que se constituyó la Sociedad de Propietarios de Casas de Laredo y La Merced SPC, presidido por el Sr. Julio Pinedo Valdez a fin de conseguir el reconocimiento anhelado. Posteriormente, esta sociedad fue liderada, ante el fallecimiento de su presidente, por el Sr. Segundo Ramírez Fernández, quien había experimentado en carne propia los abusos y triquiñuelas del hacendado,  iniciando una larga y sacrificada lucha contra el patrón Gildemeister que se oponía a este proyecto, y con la ayuda del diputado laredino Julián Arce Larreta, lograron este designio del pueblo el 28 de diciembre de 1961, cuando el presidente Manuel Prado Ugarteche firmara la  LEY Nº 13792, Ley de creación del distrito de Laredo. Don Segundo Ramírez se convirtió al año siguiente, en el segundo alcalde del distrito de Laredo y su lucha continuó.

Luis Alberto Luyo Barraza, Subdirector de Primaria IE “Antenor Orrego”

 

 

22/9/12

TURISMO EN LAREDO


HACIENDO TURISMO “MÁS ALLACITO”

        En un artículo titulado "Haciendo turismo, aquisito nomas" relaté las experiencias que tuve con mis alumnos universitarios cuando visitamos la parte baja del valle del rio Moche para comprobar su potencialidad turística. Entusiasmados con aquella realidad, ellos me solicitaron conocer la parte alta del valle, que se inicia en el Puente Con Con y termina a la altura de Laredo.

         Con apoyo logístico similar al de la anterior salida, una mañana de domingo salimos de Trujillo y nos dirigimos a puente Conache, que cruza el rio Moche frente a Laredo. Desde su viejo terraplén, observamos las casas de la campiña que siguen el patrón arquitectónico inspirado en las antiguas viviendas mochicas, construidas de adobe y quincha, con amplio patio delantero, con corrales para animales domésticos, cocina al aire libre y la infaltable ramada de buganvillas. Paisaje que ha inspirado los bellos cuadros del pintor Camino Sánchez.

            Luego visitamos los restos arqueológicos, andenería incluida, que aún quedan en la falda del cerro Oreja. Estuvimos sobre la toma de agua que, desde épocas prehispánicas, desvía las aguas del rio Moche para dar nacimiento a las acequias de Winchansao y la Mochica que siguen siendo utilizadas hasta hoy. Frente a esta antigua obra de ingeniería hidráulica, se halla el último tramo del moderno canal de Chavimochic que trae las aguas del rio Santa hasta La Libertad.

              Más adelante, desviándonos de la carretera al interior, ingresamos por el norte al poblado de Galindo y desde allí continuamos hasta llegar a los restos de la antigua ciudad mochica, conocida con el mismo nombre.

                Quizás por su aislamiento, esta ciudad preinca está muy depredada, sea por los huaqueros, por el paso de los años o por quienes practican el chamanismo. Es increíble la cantidad de vestigios de rituales mágico—esotéricos que se encuentran en lugar. Estas prácticas dan lugar a un mal uso de las estructuras para escenificar aquellos ritos. También la naturaleza, sobre todo las lluvias los fuertes vientos, han contribuido a destruir el lugar. Nos desplazamos por pasadizos, plazas ceremoniales, huacas y restos de casas. La alta y solida muralla defensiva, construida de piedra y barro, nos causo gran impresión y, sin duda, constituye uno de los mejores atractivos de Galindo.

                  Luego, retomamos la carretera y seguimos hacia el interior. Experimentamos un brusco cambio de clima al cruzar Cerro Blanco, pues a partir de allí, en cualquier época del año, el sol es un grato compañero. Atravesamos cientos de hectáreas de caña de azúcar. Desde Menocucho hasta Simbal y Poroto abundan las chacras de panllevar, los frutales y los restaurantes campestres, en cuyos patios cuelgan cecinas de carne se ofrecen fresas, altas otros productos.

                  Siguiendo un kilometro mas allá de Shirán llegamos a Con Con. Sobre la  mano izquierda, se halla un cerro que contiene una gran peña, la que, al sobresalir, se asemeja a un gran miembro viril, por ello lo "bautizamos" como Cerro Pene.  Curiosidades de la naturaleza. El puente Con Con, que cruza el rio Moche en la vía que va hacia Otuzco, constituye una imaginaria línea divisoria entre la región Costa y la Yunga.

Luego, tomamos el desvío hacia Poroto, un bonito pueblo de “ceja de sierra” de agradable gente  y buen clima. A este distrito  se llega, cómodamente, por una carretera asfaltada. Desde su mirador, interesante obra turística municipal, se puede contemplar gran parte del valle.

                    Tomamos un bien merecido almuerzo en el recreo campestre "El Mirador"(http://www.elmirador.com.pe/trujillo/index.html) , quizás el mejor de la zona. Cuenta con amplios jardines, juegos recreacionales; piscinas, buena atención, mejor comida y hasta un mini zoológico. Debo destacar  la decisión empresarial de los propietarios por ofrecer un servicio de calidad a sus clientes. Con servicios de este tipo se crea, sin duda, un servicio turístico de primer orden, “El Mirador" brinda además seguridad a los visitantes, provocando de este modo una sana competencia entre las demás empresas turísticas de la zona.

                    Al atardecer estuvimos de regreso a nuestro punto de partida. Comprobamos con esta segunda salida que la parte alta del valle del rio Moche cuenta con un potencial turístico que necesita una mayor promoción.

DATOS PARA EL VIAJERO :

Ubicación y distancias: esta zona comprende desde Laredo (a 7 Km.) hasta Shirán  (a 40 Km.) en la carretera al interior.

Alojamiento y alimentación: no existen servicios de alojamiento, pero hay lugares  propicios para camping. Recreos campestres ofrecen comidas típicas a lo largo de toda la ruta.  

Acceso: la vía está totalmente asfaltada y es cubierta por servicios de combis y colectivos que llegan hasta Poroto y Simbal.

Altitud: Laredo se encuentra a 89 m.s.n.m. mientras que Poroto a 627 m.s.n.m. y Simbal a 527 m.s.n.m.

Clima: agradable, cálido-seca, con sol todo el año.

Seguridad policial: los tres distritos (Laredo, Simbal y Poroto) cuentan con una Comisaría de la PNP, además dos unidades de la Policía de Carreteras patrullan la ruta.

Asistencia médica: en la ruta se encontrará Establecimientos de Salud (MINSA) en Laredo, Menocucho, Santo Domingo, Poroto.

Ropa adecuada: deportiva, fresca y cómoda.

Tips: lugares para instalar campamentos, fotografía, trekking, llevar agua fresca para las caminatas, gorro, bloqueador y lentes para el sol.

Tomado del libro “Viajero antes que turista” de Iván La Riva Vegazzo

21/9/12

PERSONAJES ETERNOS EN EL CEMENTERIO DE TRUJILLO


Según cuentan, José Ignacio Chopitea, fue la encarnación humana del mal. Él fue un acaudalado hombre de negocios sindicado por ejecutar un pacto con satanás para conseguir su incalculable fortuna. | Fuente: Privada | Martín Vazallo

Los cementerios producen sensaciones ambiguas en quienes los visitan. Sin embargo, y más allá del aire lúgubre que suele caracterizarlos, los camposantos guardan historias apasionantes con protagonistas imbuidos de pasión, además de inadvertidos detalles que con el tiempo se convierten en leyendas.

Tal es el caso del Cementerio General de Miraflores en Trujillo, construido en un extenso terreno donado por el ciudadano español Juan José Pinillos. Cronistas de la época cuentan que con su inauguración, en diciembre de 1831, se dejó atrás la costumbre de enterrar los cadáveres en conventos, atrios y capillas de templos católicos.

A través de los casi dos siglos transcurridos, son innumerables las reseñas que brotan de las lápidas aparentemente impávidas. Un recorrido por los recovecos del camposanto permite redescubrir a personajes extraviados en el limbo de la ingratitud contemporánea.

El libro “Viajero por Trujillo del Perú”, escrito por el reconocido impulsor turístico Iván La Riva Begazzo, es uno de los pocos textos que escudriña los panteones para sacar del olvido a célebres nombres como el de Manuel Cavero y Muñoz, primer alcalde del Perú liberto y republicano o el del sacerdote Pedro José Soto y Velarde, quien además de convertirse en el primer vicerrector y fundador de la universidad Nacional de Trujillo, fue el encargado de recibir al libertador Simón Bolívar cuando visitó la valerosa ciudad de Huamachuco.

Los restos de otras figuras representativas de toda una época descansan en el camposanto norteño. La Riva Begazzo destaca, por ejemplo, a Hipólito de Bracamonte. Este poderoso caballero dueño de las haciendas Chiclín y Sausal, además de ser poseedor de hasta dos títulos nobiliarios, pasó a la historia por convertirse en el precursor de las ideas independentistas, disponiendo que a su muerte fueran declarados libres todos los esclavos que le prestaban servicio, antecediendo en la causa a Ramón Castilla y hasta al mismo Abraham Lincoln.

Pero si de valor se trata, existen nombres que deberían estar siempre presentes en los anales de nuestra historia. Como no resaltar el arrojo de Pedro Martín Olivos, laborioso secretario de la prefectura y docente del colegio “San Juan”, héroe anónimo que ofrendó su casa, única gran posesión, para recaudar fondos con el fin de luchar contra los invasores chilenos.

Esa misma valentía demostró José Arcila Hurtado, quien desesperado ante los ultrajes bélicos se enfrentó a los enemigos provenientes del sur utilizando un puñado de piedras como única arma. Nombres como los de Ricardo O’Donovan y Cecilio Cox, deberían mantenerse imperecederos como muestra de patriotismo y amor a la tierra que los vio nacer y también morir.

Iván La Riva advierte que algunos personajes enterrados en el Cementerio de Miraflores, despiertan rumores y mitos que se propagan por generaciones enteras. También aquí se puede encontrar aquella disociación entre el bien y el mal.

Por un lado, en el pabellón San Pablo, se halla la tumba de Mauricio Walbroch, conocido como “El chinito”, considerado sin tapujos como el patrono de los estilistas e ícono de la comunidad gay por los aparentes favores concedidos.

Frente a la figura de este “santo popular”, encontramos una lápida oscura que, según cuentan, alberga a quien fue la encarnación humana del mal. Se trata de José Ignacio Chopitea, acaudalado hombre de negocios sindicado por ejecutar un pacto con satanás para conseguir su incalculable fortuna, la misma que, por obvias razones, no pudo llevar hacia la eternidad.

Las tumbas de otros personajes relevantes de nuestra historia, como Luis José de Orbegoso y González o Víctor Raúl Haya de la Torre, son motivo de homenaje constante por quienes reconocen su legado. Otros nombres se pierden en el tiempo ante la indiferencia generalizada.

En ese sentido, Iván La Riva Begazzo, espera la pronta implementación de un ambicioso proyecto que espera poner en valor el camposanto, mediante su conversión en museo y escenario de espectáculos nocturnos culturales.

Plagado de historia todavía no asimilada por gran parte de los trujillanos, el Cementerio General de Miraflores, y sus más de 43 mil nichos, se convierte en una atractiva opción para conocer nuestros orígenes y, aunque parezca paradójico, mantenerlos vivos en el imaginario popular.

Por: Davinton Castillo

19/9/12

EL SEÑOR DE LA MISERICORDIA

                                                                 PATRONO DE LAREDO

Laredo en el año 1883, sufrió la primera inundación, como consecuencia de las fuertes y torrenciales lluvias que se precipito por muchos días. Ante este recuerdo la población vivió siempre en temor que este cataclismo pluviómetro se vuelva a repetir. En el año 1830 en la zona se repitió la sequia que arios atrás había casi destruido a la cultura chimú, siendo un mal presagio de que algún otro fenómeno telúrico había que suceder.
 
Cuando el 19 de marzo de 1891 Laredo sufre lluvias torrenciales por una semana que afecto a todas las construcciones de esa época, la población imploró la clemencia de Dios y el 14 de setiembre de 1891 se designa como Patrono de Laredo al Señor de la Misericordia. Su reconocimiento oficial fue concedido por el Papa Juan Pablo II con su bendición apostólica que se encuentra en el templo de Jesús y María de Laredo, llamado comúnmente Iglesia Católica, luce en su Altar mayor la efigie crucificada del Señor de la Misericordia. Después de la refacción y pintado del templo, en el altar mayor no había ninguna escultura.
 
El Reverendo Padre Francisco Lázaro, convocó a los grupos y a las hermandades para lograr un consenso para lograr definir qué Santo era el Patrono de Laredo para colocarlo en el Altar Mayor. En esos años recién se habla formado la Hermandad del Señor de la Misericordia, que desde su inicio se vio fortalecida por su buena organización, acogiendo en ella a los laredinos residentes en Trujillo y en Lima. Fue esta hermandad la que sostuvo que el Patrono de Laredo, es el Señor de la Misericordia, lo hizo en base a la fundamentación histórica sustentada por el Dr. Roberto Meza Finochetti. Los grupos antiguos sostenían que no lo era, pero no sabían quién era el patrono, en el fondo querían que se desconociera al Señor de la Misericordia como patrono, para propiciar otro candidato o lo que podría haber sido el propósito, que Laredo no tenga patrono. Y en esto había fundamento porque algunos grupos, eran una secuela del régimen que impusiera el anterior sacerdote, pro-marxista que terminó abandonando los hábitos y renunciando al juramento sacerdotal, para formar su familia y tener sus hijos.
 
El Padre Lázaro estaba frente a un problema difícil, pero ayudado por la luz de la sabiduría, consulto con su Obispo que sin dudarlo informó detalladamente al Vaticano, en donde después de verificar sus archivos, el Papa emitió una BENDICION PAPAL, cuyo texto es como sigue:
 
BENDICION APOSTOLICA para el R.P Párroco y fieles de la Parroquia de Jesús y María de Laredo con motivo del 1er Centenario del Patronazgo del Señor de la Misericordia
El Vaticano, 14 de setiembre de 1991 Oscar Rissato Canciller
 
Con esta bendición, el Papa confirmó que el Patrono de Laredo es el Señor de la Misericordia al que se le entronizó como tal, para que proteja a Laredo de los aluviones, como el que ocurrió el 19 de marzo de 1891. Llegando este documento original con la fotografía de Juan Pablo II, quedando resuelta la duda, con lo que terminó Ia discusión entre los grupos y las hermandades de la parroquia. El cuadro se colocó en el lado izquierdo del Altar Mayor, junto a la Sacristía. Allí está la Resolución Papal, como testimonio para la eternidad y la escultura del Señor de la Misericordia volvió a ser colocado en el lugar que le corresponde, el Altar Mayor.
 
(Extraído del libro “Laredo, de Hacienda a Ciudad” de Leonel Berrocal N.)

ENTRADAS POPULARES